Sobrevivir a los domingos

‘Let’s Stay Together’, de Al Green

Era el año 1972 y Al Green ya había mostrado que era un excelente músico más allá de su potente voz y su llamativo falsete, pero fue Let’s Stay Together (1972) el disco que lo llevó definitivamente al olimpo de la música.

Una producción refinada con unos vientos contenidos y un órganos reposados destinados a embellecer más que a protagonizar, una colección de canciones que permanecen en la historia de la música y obviamente su falsete, eso sí, está vez destilado con mucha sutileza, no sólo derrochando voz.

Let’s Stay Together es uno de esos disco en los que el caminar cadencioso del soul y los medios tiempos no son sinónimos de exceso de azucar sino de charme y caricias que salen de los altavoces.

Haga frío o haga calor hay motivos para encontrar perfecto este disco grabado hace más de cuarenta años.

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Estrofa, puente y estribillo

La toma de Madrid según Jambalaya

Jambalaya en Costello Club (Madrid) / Alberto Bustamante

Jambalaya en Costello Club (Madrid) / Alberto Bustamante

No se escondieron y lo dejaron claro en un video (medio en serio y medio en broma) camino de la “villa y corte”: una guitarra eléctrica rota durante la semana previa al concierto, un bajo roto de camino al concierto y un cantante con tantas ganas de derramar chorro de voz como en disposición de regalar mocos a la audiencia. Resumiendo: un parte de guerra infame, pero aun así no renunciaban a la batalla.

Decía Lichis que “nada vuelve a ser lo mismo después de una gira por provincia”, y después de tocar en la capital nada volverá a ser igual para Jambalya.

La musculosa sección rítmica de Jambalaya / Diego Cabrera (@diegocabrerap)

La musculosa sección rítmica de Jambalaya / Diego Cabrera (@diegocabrerap)

Al público en general había que añadir amigos y conocidos que se acercaron a Costello Club para probar y repetir un poco de “rock’n rice”: nadie salió descontento. Estaba claro que a la banda le había costado llegar hasta allí y estos tipos no estaban dispuestos a dejarlo escapar, aunque el parte pre-concierto casi daba miedo. Aún así, fue empezar a tocar y se acabó el dolor.

La vida no suele perdonar y a pesar de llegar unos minutos tardes -los trenes no siempre son tan puntuales como anuncian- fue una maravilla empezar a bajar la escalera hacia el sótano donde se esconde el escenario de la Costello y ser recibido con la guitarra borracha –y eterna- de Same old faces.

Los temas –bastantes de ellos absolutos desconocidos que ni se preocuparon por presentar, ya habrá tiempo- suenan con la fuerza de un caballo de carreras bien entrenado (muy culpable de ello son Juan Antonio de Rus y su batería). De hecho, esas canciones inmesamente desconocidas se cobraron algún infarto y alguna víctima que después del concierto se preguntaba de dónde había salido esa canción que no paraba de resonarle en la cabeza o directamente no era capaz de imaginar que unos auténticos desconocidos sonaran así.

Jambalaya a punto de demostrar el "salvajismo ilustrado" / Alberto Bustamante

Jambalaya a punto de ilustrar el “salvajismo ilustrado” / Alberto Bustamante

Salvajismo ilustrado
Pero si hay que hablar de víctimas, el peor parado del concierto fue el bajo de Jesús Cabrera. Si esta banda acostumbra a no tener piedad con los instrumentos y no paran de exigirle desde el primer momento del concierto, después de la actuación en Costello el bajo en cuestión andará esperando una reencarnación de las manos de algún lutier. Una muestra evidente del salvajismo ilustrado que practica Jambalaya, pero ni mucho menos la única.

Daba igual, lo único que recordaba a los males que había venían arrastrando desde sus casas era la voz ronca del cantante y guitarrista (Alejandro García) cuando se dirigía al público, nada que ver con la fuerza que derrama en las canciones. Curiosamente lo peor del concierto no vino desde del lado de la banda, y eso que Jambalaya venía con el remolque de males hasta arriba. Fue el sonido de la sala: enseguida se convertía en una bola que perjudicaba a una banda que supo estar por encima de eso.

Epílogo
Cuentan que con este concierto en Madrid se cierra la gira del EP Something is coming (autoeditado en 2013) y una etapa que podríamos llamarla “fundacional”. Parece ser que lo que viene es un disco de larga duración y eso no debería de perdérselo casi nadie. Mientras tanto queda la nostalgia y un “ep” que desde hace meses está más que superado por aquellos que lo hicieron posible: Jambalaya.

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‘Something is coming’, de Jambalaya: prehistoria de una prometedora historia

Volver a esta primera y única referencia hasta la fecha de Jambalaya tras haberlos escuchado en directo se parece a la arqueología, y eso que ha pasado poco más de un año desde su publicación, algo que sólo habla bien de este grupo.

Las canciones que registraron, actualmente suenan mucho mejor en cualquier concierto: más sólidas, más musculosas y más verdaderas, como si la grabación fuera la ropa de invierno de un adolescente que tras el verano le queda pequeña.

Sin embargo, estas canciones sirven para sacarle brillo a este domingo, aunque no sean más que un anuncio de lo que Jambalaya promete que vendrá. Pero antes del futuro, una parada en Madrid (sala Costello Club el próximo viernes 12 de diciembre a las 21:30, junto a Tres Esfinges de Bikini) para cerrar la gira de este Something is coming (autoeditado en 2013) y de paso una etapa.

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Diego Vasallo y El Cabaret Pop: Saber hacer canciones

En las antípodas de su última y extraordinaria entrega en solitario –Canciones en ruinas (2010) es un disco austero y prácticamente desnudo–, Diego Vasallo y El Cabaret Pop (1995) es un disco exquisito: canciones geniales, sonido cuidadisimo, instrumentación de gran altura y perfecto para casi caulquier momento. Con una colección de guitarras y teclados que brillan desde el comienzo, este disco aglutina canciones que se rompen en el tiempo e inundan el ambiente de una nostalgia bella (Miramar, Polaroids, Verano o Cristal son sólo algunos ejemplos) imposible de olvidar.

De principio a fin las canciones van dejándose ver, sin prisas, llenando espacios y convirtiendo un domingo cualquiera en el mejor día de la semana. Y si no es así, al menos quedarán las canciones.

 

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Modo avión, de Lichis: una novedad para empezar

Un disco de un músico muy músico que se ha hecho esperar. Aristocracia musical neoyorkina –Joe Blaney en la producción, Marc Ribot, David Mansfiel, Andy Hess, Pete Thomas…– al servicio de canciones bien hechas, sonido cuidado y un tipo haciendo canciones. El resto de la receta es bien fácil: un domingo cualquiera en tu casa o en una carretera, la ciudad, el mar o incluso en campo, que para algo el disco tiene sus gotas de country, dejar que suene y escuchar.

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