Estrofa, puente y estribillo

La colección de apocalipsis de Josele Santiago

Jose Santiago en La Iguana Club / DC

Jose Santiago en La Iguana Club / DC

Lo había dejado caer en alguna entrevista, “mi discurso nunca había sido tan apocalíptico”, y lo cierto es que a eso recuerda Transilvania (Altafonte, 2017), el último disco de Josele Santiago. Y ese sonido no se queda en el disco que presentó en Vigo, no por mal ejecutado, sino porque es lo que destilan sus nuevas y viejas composiciones,  aunque sus canciones casi nunca muestran un apocalipsis colectivo. Se trata mas bien de apocalipsis doméstico, desastres que ocurren dentro de las cuatro paredes de una casa cualquiera o incluso las cuatro paredes de una cabeza. Casi todo el mundo los conoce, hay hasta quien los ha vivido. O al menos se los han ‘Prestao’, como dice la canción que abrió el concierto.

El tiempo del avistamiento de objetos voladores no identificados parece que terminó con la llegada de los móviles con cámaras, pero la clarividencia de Josele le permite rescatar un ‘Ovni viejo’ que si bien puede que no vuele, parece un buen sitio en el que meterse hasta que escampe. Si es que llega a escampar.

Y así, canción a canción, de las espirales perfectas para dejarse llevar flotando de ‘Fractales’ a las curvas sugerentes de ‘Magia negra’ se llega a ‘Ángel’. Josele agarra una “Martin” y se queda en el escenario con la única compañía de Nico Nieto. Los mismos rasguños que producen las canciones de Santiago los tiene su guitarra acústica, como si se los hubieran hecho a ella cada noche. Pero son sólo cicatrices, recuerdos que no impiden vivir, como a la guitarra no le impiden sonar.

‘Guardia Civil’ es más cruda y negra en directo, casi se ven los cañones. Los arpegios, más densos que brillantes, salen de los dedos delgados de Josele para quedarse vibrando en el ambiente. Lástima que no sea suficiente para mantener al público en silencio. Ni la petición de Coke Santos (impecable toda la noche) en mitad de ‘El bosque’ sirve para que el público se calle.

Luego vendrán ‘El vals de los peces’, ‘Chachorrilla’ y una perfecta ‘Ole papa’ con final vitaminado. Pero no será lo último. La hipnótica ‘Mi prima y sus pinceles’ desemboca en la sordidez de ‘Saeta’ y la cordura relativa de ‘Loco encontrao’. De ahí a donde cada uno quiera irse, pero con las cicatrices que dejaron cada una de las canciones, como las de la guitarra de Josele. Quizá de la vida, quizá de las canciones.

Ficha:
Vigo, La Iguana Club (Vigo), 24 de marzo de 2018; Josele Santiago (voz y guitarra eléctrica y acústica), Luca Frasca (teclados), Mac Hernández (bajo), Nico Nieto (guitarra eléctrica) y Coke Santos (batería).

Standard
Estrofa, puente y estribillo

Lapido, ¿desencadenado?

Lapido en la sala Trinchera, Málaga – DC

Una pasarela que permite ver a los músicos acercarse al escenario recorre el techo de la sala Trinchera. Como en una escena de cine con tintes épicos Lapido la recorre precedido por sus músicos y se ponen a hacer lo que habían venido a hacer: tocar. Renuncian al típico golpe directo para comenzar el concierto y optan por la sutileza. Entre una neblina de sonidos sinuosos y etéreos se abre paso ‘Pájaros’ en una interpretación casi psicodélica, pura belleza hecha canción que al llegar al final se hace fuerza con una banda llena de convicción para afrontar ‘Nuestro trabajo’ y ‘Lo creas o no’.

El alma dormida (Pentatonia Records, 2017), la última entrega discográfica de Lapido, ha marcado algunas diferencias con respecto al sonido de discos anteriores de Lapido (se nota la colaboración de otras manos en las labores de producción) y eso también se aprecia en directo casi desde el principio. Si las canciones más eléctricas lo siguen siendo, las menos se dejan vestir de otra forma, sin dejar de ser canciones de Lapido. Parece que la gira de resurrección de los 091 hubiera servido para cortar alguna cadena, Lapido parece más relajado y entregado a la interpretación de las canciones, sin restarle un ápice de fuerza, más bien que una fuerza nueva. De eso tiene parte de culpa una banda más que implicada, sobresaliente y que haría bailar a un sordo tan solo con ver la energía que desprenden, mención especial para Víctor Sánchez y Raúl Bernal.

En esa linea de nuevos sonidos, a veces más pop y otras no tanto, Lapido se cuelga la Gibson acústica y bien acompañado interpreta ‘Dinosaurios’, una canción que es más irónica que vitriólica y muy imaginativa, a veces casi humorística, ya sea por pura verdad (“Dylan en las iglesias”) o por cómico (“el Hombre de Orce montado en su vieja Lambretta”). Una pieza que parece encajar dentro de ese “Lapido desencadenado” que se presenta en esta gira. Lo mismo ocurre con ‘Estrellas del purgatorio’, country denso, de viejo sabio. Una joya más del cofre de las canciones de Lapido, un cofre amplio, pero sobre todo profundo.

Lapido y su banda en la sala Trinchera, Málaga – DC

A diferencia de Jesucristo, probablemente el “resucitado” más famoso de la historia, Lapido ha optado por no abandonar la vida terrena y, además de publicar un disco, ha decidido salir de gira con todas las de la ley. Puede que eso no asegure el éxito masivo, pero es una oportunidad impagable para escuchar canciones extraordinarias y a una banda en estado de gracia. Aunque el sonido en la sala Trinchera no les hizo justicia del todo.

La fuerza desencadenada de Lapido se transforma casi en vehemencia al interpretar composiciones como ‘Lo que llega y se nos va’. Y no es la única. ‘El dios de la luz eléctrica’ avasalla de pura furia y contagia a todo el mundo, haciendo disfrutar arriba y abajo del escenario. Es cierto que Lapido siempre muerde con sus letras, pero en esta gira se observa una convicción diferente. Razones tiene, porque aunque nadie le haya dicho la verdad Lapido parece que sí la sabe y está en sus canciones.

Tras reaparecer en el escenario por tercera vez y provocar una tormenta eléctrica con ‘Cuando por fin’, agarra sus sagradas escrituras y se va.

Ficha:
Sala Trinchera (Málaga), 17 de marzo de 2018; gira de presentación de El alma dormida. José Ignacio Lapido (guitarra eléctrica, acústica y voz), Víctor Sánchez (guitarra eléctrica y coros), Popi González (batería y coros), Jacinto Ríos (bajo) y Raúl Bernal (teclados y coros).

Standard
Sobrevivir a los domingos

Jambalaya: No es posible detenerlos

Hay domingos y domingos, por eso hoy, además de una píldora para sobrevivir y mejorar cualquier domingo, aparece por aquí un estreno. A veces más rápidos, otras con una cadencia más sinuosa, pero siempre intensos, Jambalaya lanza su primer larga duración y da a comer su alquimia, una mezcla propia sin renunciar a lo antiguo y ni a lo nuevo, todo eso sin pudor ni complejos.

Ofrecen infinitamente más de lo que cabe esperar en los tiempos que corren. Sin embargo no es el presente lo que hace bueno este disco, el primer larga duración de Jambalaya es en términos absolutos un disco que debería correr como la pólvora de altavoz en altavoz. Porque lo vale, por eso está aquí. No hacen falta más palabras, es sólo cuestión de escuchar.

Standard
Sobrevivir a los domingos

Cuadernos Efe Eme: Cultura con mayúsculas

Portada del tercer número de 'Cuadernos Efe Eme'

Portada del tercer número de ‘Cuadernos Efe Eme’

Acaban de publicar el tercer número y espero que sólo sea un prólogo de la historia que les espera. Recuerdo abrir el primer tomo y pensar en cómo iba a abarcar tanto, pero lo cierto es que poco a poco los reportajes van callendo en el saco. Pero lo mejor no es que se lea casi sin darse cuenta. Lo mejor es que los contenidos que pueden parecer menos interesantes –por tus filias o tus fobias– acaban siendo una clase magistral que te molestaría haber perdido.

Ya lo han dicho otros, Cuadernos Efe Eme son una de esas publicaciones que siempre hemos envidiado del extranjero, esperemos que no sea demasiado grande para este país. En cualquier caso, Dylan, Serge Gainsbourg, Bunbury y toda la alineación de plumas que se dejan caer por estos “cuadernos” son una de las mejores compañías para cualquier domingo.

Standard
Estrofa, puente y estribillo

Lichis, artesano y artista

Presentación de 'Modo avión' en Zaragoza / Diego Cabrera

Presentación de ‘Modo avión’ en Zaragoza / Diego Cabrera

Nada más entrar en la sala producía una cierta tristeza encontrarse con una entrada tan floja, pero bastó con la primera canción (Dinero por nada) para que esa tristeza se convirtiera en disfrute. Aún así es imposible no considerar injusto que un músico con el bagaje de Lichis presente en directo un disco tan bien hecho como es Modo Avión (Warner music, 2014) y la sala no esté llena hasta arriba.

Pero esto no es un lamento, de lo que hay que hablar es de cómo las canciones, en un formato desconocido, llenaron la sala gracias al gusto y a la técnica de dos expertos (Lichis se hizo acompañar de Alex Olmedo, un músico polifacético y con mucho talento).

Lichis –que se parece bastante al que siempre estuvo ahí pero mejorado–no se oculta y reconoce que Hotel Lichis era el primer disco que podía haber llevado el sello de Lichis, aunque La Cabra Mecánica aún dio satisfacciones y alegrías a cualquiera que supiera escucharla. De hecho Carne de canción –el disco que vino después de Hotel Lichis y cerró el tiempo de “la cabra”– es bastante más que un ejercicio de nostalgia y despedida.

Pasan las primeras canciones y el público entra en calor, para entonces Enemigos se desborda por la sala y Alex Olmedo con la sola ayuda de una guitarra eléctrica y un amplificador demuestra esa verdad universal de que cuando un músico demuestra lo bien que toca es cuando tiene que tocar sutilmente, para reventar el instrumento contra el suelo vale cualquiera.

Lichis y Alex Olmedo en 'La casa del loco', Zaragoza / Diego Cabrera

Lichis y Alex Olmedo en ‘La casa del loco’, Zaragoza / Diego Cabrera

Las aristas que siempre estuvieron en Lichis pero que muchos no vieron se muestran en directo de la misma forma que en Modo Avión. Es imposible no quedarse petrificado al escuchar como Televisión de madruga suena densa y lisérgica con apenas un par de voces, una guitarra acústica y una eléctrica, una suerte de Via Chicago de los norteamericanos Wilco.

No hay tiempos muertos, Lichis sabe llenar el tiempo que le lleva cambiar de guitarra o afinar con algún chascarrillo, siempre sabiendo diferenciar un concierto en pequeño formato del Club de la Comedia, se le agradece.

En una combinación bien medida, las canciones de Horas de vuelo se entremezclan con algún gran éxito revisado, más bien metamorfoseado –una versión “country and western” de Felicidad–, versiones –Pecados más dulce que un zapato de raso de los geniales Gabinete Caligari y la belleza única de Lo mejor de nuestra de vida, firmada por Antonio Vega–, alguna canción de la última época de La Cabra Mecánica –Carne de canción, Antihéroe (uno de sus versos inspiró el nombre de la sección musical de Exilios Autoimpuestos), Gracias por nada y Valientes, composiciones que podrían encajar en este disco que anda presentando–, Pobrecito corazón (que escribió para Chivo Chivato) y un fragmento recitado del Peperina de Seru Giran, grupo que lideró el argentino Charly García.

Tras una breve parada, Lichis regala un par de canciones a un público deseoso de más, algo que el músico promete para después del verano en una gira con banda completa mientras dedica Valientes (la última canción del concierto) a los padres divorciados que luchan por la custodia compartida.

Le estaremos esperando, porque a pesar de no ser un concierto corto, supo a poco, como pasa siempre con la música de verdad.

Ficha:
20 de febrero de 2015, concierto de Lichis (presentación de Modo Avión) en la sala La casa del loco (Zaragoza). Lichis: guitarra acústica y voz; Alex Olmedo guitarra eléctrica y coros.

Standard