Notas de lectura

‘El corazón de las tinieblas’, de Joseph Conrad: Lo importante ocurre en el interior

Imagen que ilustra la portada del libro / Ángel Mateo Charris

Imagen que ilustra la portada del libro / Ángel Mateo Charris

Una vez le escuché decir a Pérez-Reverte que le gustaba Conrad, entre otras cosas, porque antes de contar historias de piratas había estado entre ellos. Y lo que realmente llama la atención de esa gran verdad es que aunque cuente historias de piratas, aunque las viviera, lo que El corazón en las tinieblas narra sólo usa de excusa esas historias.

Casi todo lo que ocurre en el libro, y todo lo que es realmente importante, ocurre en el interior de los personajes. Y así lo siente el lector. El resto es un escenario, eso sí, un bello escenario muy bien construido y que se corresponde con el interior de los personajes. La oscuridad húmeda del Támesis o el calor denso como el plomo en la jungla son escenarios que ayudan a que los lectores sientan como un punzón afilado lo que habita en el interior de casi todos los personajes.

El medio hostil que Conrad recrea en la narración se ve apuntalado en esta edición por los óleos serenos pero llenos de preguntas y con una fuerza extraña que Ángel Mateo Charris hizo para la ocasión: colores y sensaciones que recuerda a Hopper, aunque ciertamente sólo comparten la soledad que irradian las pinturas.

Ilustración del libro / Ángel Mateo Charris

Ilustración del libro / Ángel Mateo Charris

Si Conrad vive en lo concreto de cada personaje, a Mateo Charris le basta casi siempre con un paisaje para llevarte al lugar que comparten personajes y lector. Esa perfecta mezcla eleva la obra y te obliga a detenerte en los dibujos, porque ofrecen escenarios que el lector reconoce.

De Conrad hay poco que decir que no se haya dicho y diseccionar esta obra no haría más que ahondar en lo ya conocido. Aún así, El corazón de las tinieblas es de esos libros que hay que agarrar cuando se ven en una estantería, no hacerlo es un pecado mortal.

Ficha:
El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad. Edición del año 2007 ilustrada por Ángel Mateo Charris y traducida por Sergio Pitol por el ciento cincuenta aniversario del nacimiento del autor. Editado por Galaxia Gutember y Círculo de Lectores en Barcelona.

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Sobrevivir a los domingos

‘El jardín de las delicias’, de ‘El Bosco’: El estado más puro del arte

Hoy mismo, quizá mañana o realmente cualquier día es un buen momento para acercarse al Museo del Prado en Madrid y entrar cuando tan sólo quedan dos horas para el cierre para aprovechar ese tiempo en que la entrada es gratuita. Una vez dentro los destinos son infinitos, pero si sólo hubiera un cuadro al que poder dedicarle tiempo entre todas esas salas, incluso si sólo hubiera un cuadro al que poder dedicarle tiempo en el mundo, habría que dedicárselo a El jardín de las delicias. Porque no van a cerrar el Prado y siempre regalan esas dos últimas horas para ‘El Bosco’ o para cualquiera de sus habitantes.

'El jardín de las delicias', de Hieronymus Bosch "El Bosco"

‘El jardín de las delicias’, de Hieronymus Bosch “El Bosco”

Realmente no es un cuadro, se trata de un tríptico que incluso cerrado mantiene el magnetismo, el misterio, la belleza y la fantasía mientras guarda sueños y pesadillas, no en vano, ‘El Bosco’ también quiso pintar los paneles por fuera, y no lo hizo de cualquier manera. Muchos lo han copiado e inspira a todos los que hemos venido después –artistas, aspirantes a ello o cualquiera que lo contemple, cualquiera que sean sus inclinaciones–, de hecho, lo mínimo que se puede decir de esta obra es que es genial. De ahí para arriba, “que cada uno aporte lo que quiera”.

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