Sobrevivir a los domingos

‘Histoire de Melody Nelson’, de Serge Gainsbourg: El todo en menos de 28 minutos de música

Conceptual, inspirador y provocador, eso y mucho más es Historie de Melody Nelson, un disco único e irrepetible. Serge Gainsbourg canta como lo hizo casi toda su vida, de una forma increible e inmejorable, y la producción de Jean-Claude Desmarty es hija de su tiempo, es decir, hija del tiempo en el que se produjeron los mejores discos de la historia. Este es uno de ellos.

Todo suena sugerente y desconocido a la vez que verdadero en este disco de apenas 28 minutos. La producción hace que entres tanto en este disco que acaba pareciendo una sola canción en la que se mezclan guitarras y bajos con una orquesta de cuerda, pero no detalles de una orquesta de cuerda, sino fragmentos sinfónicos que encajan igual o mejor que las guitarras, bajos y percusiones con la voz de Serge Gainsbourg.

No tiene sentido dedicar más tiempo a hablar de un disco que sólo necesita ser escuchado un domingo como este o como el próximo o como cualquiera de los anteriores.

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Sobrevivir a los domingos

‘Juan Perro y la Zarabanda’: enciclopedia musical inabarcable

Si hay algo que define la carrera de Santiago Auserón es el caracter enciclopédico de su caracter: la evolución musical, los músicos y las sonoridades con las que se ha relacionada, la escritura de ensayos o su sola presencia.

Todo esto está en esta idea, porque Juan Perro y la Zarabanda no es sólo un disco, es un dvd, una grabación en directo, un dvd, un pequeño ensayo, la mejor versión de una gira acompañado de unos músicos expertos… En otras palabras, algo que sólo Santiago Auserón podía hacer posible.

Sólo queda poner el disco o el dvd, leer y dejarse envolver por esta colección monumental de canciones que son irrepetibles y perfectas para cualquier día.

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Sobrevivir a los domingos

El Estado Mental: un hijo de su tiempo

Portada del último número de la revista El Estado Mental

Portada del último número de la revista El Estado Mental

Nacido en 2010, El Estado Mental (EEM) es probablemente uno de los mejores ejemplos de como se puede desafiar a la historia y desarrollar una idea vigente y actual sin caer en modas absurdas o ridículas. EEM es muchas cosas −una revista en papel, una emisora de radio, una revista en internet, una tienda−, pero sobre todo es una idea hija de su tiempo con vocación de permanencia.

Como ellos mismos se definen: “[EEM] es una acción colectiva que tiene como propósito la revisión apacible del espíritu de la época”. Revisar es un verbo que remite directamente a una tarea reposada, exahustiva y relacionada con lo que ya ha pasado, pero no puede haber algo más cercano al presente que “el espíritu de nuestra época”.

Sea como sea, EMM en ningún momento deja pasar la actualidad, pero tampoco deja que la actualidad marque la agenda. Músicos, escritores, periodistas, arquitectos… pero principalmente lectores se dan cita en sus… La primera intención es poner “páginas”, pero hablar en esos términos de esta “acción colectiva” es reducirla absurda e injuntamente, algo que no se debe hacer un domingo cualquiera, un día en el que debe haber tiempo para todo, incluso para las despedidas.

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Sobrevivir a los domingos

‘Let’s Stay Together’, de Al Green

Era el año 1972 y Al Green ya había mostrado que era un excelente músico más allá de su potente voz y su llamativo falsete, pero fue Let’s Stay Together (1972) el disco que lo llevó definitivamente al olimpo de la música.

Una producción refinada con unos vientos contenidos y un órganos reposados destinados a embellecer más que a protagonizar, una colección de canciones que permanecen en la historia de la música y obviamente su falsete, eso sí, está vez destilado con mucha sutileza, no sólo derrochando voz.

Let’s Stay Together es uno de esos disco en los que el caminar cadencioso del soul y los medios tiempos no son sinónimos de exceso de azucar sino de charme y caricias que salen de los altavoces.

Haga frío o haga calor hay motivos para encontrar perfecto este disco grabado hace más de cuarenta años.

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Estrofa, puente y estribillo

La toma de Madrid según Jambalaya

Jambalaya en Costello Club (Madrid) / Alberto Bustamante

Jambalaya en Costello Club (Madrid) / Alberto Bustamante

No se escondieron y lo dejaron claro en un video (medio en serio y medio en broma) camino de la “villa y corte”: una guitarra eléctrica rota durante la semana previa al concierto, un bajo roto de camino al concierto y un cantante con tantas ganas de derramar chorro de voz como en disposición de regalar mocos a la audiencia. Resumiendo: un parte de guerra infame, pero aun así no renunciaban a la batalla.

Decía Lichis que “nada vuelve a ser lo mismo después de una gira por provincia”, y después de tocar en la capital nada volverá a ser igual para Jambalya.

La musculosa sección rítmica de Jambalaya / Diego Cabrera (@diegocabrerap)

La musculosa sección rítmica de Jambalaya / Diego Cabrera (@diegocabrerap)

Al público en general había que añadir amigos y conocidos que se acercaron a Costello Club para probar y repetir un poco de “rock’n rice”: nadie salió descontento. Estaba claro que a la banda le había costado llegar hasta allí y estos tipos no estaban dispuestos a dejarlo escapar, aunque el parte pre-concierto casi daba miedo. Aún así, fue empezar a tocar y se acabó el dolor.

La vida no suele perdonar y a pesar de llegar unos minutos tardes -los trenes no siempre son tan puntuales como anuncian- fue una maravilla empezar a bajar la escalera hacia el sótano donde se esconde el escenario de la Costello y ser recibido con la guitarra borracha –y eterna- de Same old faces.

Los temas –bastantes de ellos absolutos desconocidos que ni se preocuparon por presentar, ya habrá tiempo- suenan con la fuerza de un caballo de carreras bien entrenado (muy culpable de ello son Juan Antonio de Rus y su batería). De hecho, esas canciones inmesamente desconocidas se cobraron algún infarto y alguna víctima que después del concierto se preguntaba de dónde había salido esa canción que no paraba de resonarle en la cabeza o directamente no era capaz de imaginar que unos auténticos desconocidos sonaran así.

Jambalaya a punto de demostrar el "salvajismo ilustrado" / Alberto Bustamante

Jambalaya a punto de ilustrar el “salvajismo ilustrado” / Alberto Bustamante

Salvajismo ilustrado
Pero si hay que hablar de víctimas, el peor parado del concierto fue el bajo de Jesús Cabrera. Si esta banda acostumbra a no tener piedad con los instrumentos y no paran de exigirle desde el primer momento del concierto, después de la actuación en Costello el bajo en cuestión andará esperando una reencarnación de las manos de algún lutier. Una muestra evidente del salvajismo ilustrado que practica Jambalaya, pero ni mucho menos la única.

Daba igual, lo único que recordaba a los males que había venían arrastrando desde sus casas era la voz ronca del cantante y guitarrista (Alejandro García) cuando se dirigía al público, nada que ver con la fuerza que derrama en las canciones. Curiosamente lo peor del concierto no vino desde del lado de la banda, y eso que Jambalaya venía con el remolque de males hasta arriba. Fue el sonido de la sala: enseguida se convertía en una bola que perjudicaba a una banda que supo estar por encima de eso.

Epílogo
Cuentan que con este concierto en Madrid se cierra la gira del EP Something is coming (autoeditado en 2013) y una etapa que podríamos llamarla “fundacional”. Parece ser que lo que viene es un disco de larga duración y eso no debería de perdérselo casi nadie. Mientras tanto queda la nostalgia y un “ep” que desde hace meses está más que superado por aquellos que lo hicieron posible: Jambalaya.

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