Sobrevivir a los domingos

Jambalaya: No es posible detenerlos

Hay domingos y domingos, por eso hoy, además de una píldora para sobrevivir y mejorar cualquier domingo, aparece por aquí un estreno. A veces más rápidos, otras con una cadencia más sinuosa, pero siempre intensos, Jambalaya lanza su primer larga duración y da a comer su alquimia, una mezcla propia sin renunciar a lo antiguo y ni a lo nuevo, todo eso sin pudor ni complejos.

Ofrecen infinitamente más de lo que cabe esperar en los tiempos que corren. Sin embargo no es el presente lo que hace bueno este disco, el primer larga duración de Jambalaya es en términos absolutos un disco que debería correr como la pólvora de altavoz en altavoz. Porque lo vale, por eso está aquí. No hacen falta más palabras, es sólo cuestión de escuchar.

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Estrofa, puente y estribillo

La toma de Madrid según Jambalaya

Jambalaya en Costello Club (Madrid) / Alberto Bustamante

Jambalaya en Costello Club (Madrid) / Alberto Bustamante

No se escondieron y lo dejaron claro en un video (medio en serio y medio en broma) camino de la “villa y corte”: una guitarra eléctrica rota durante la semana previa al concierto, un bajo roto de camino al concierto y un cantante con tantas ganas de derramar chorro de voz como en disposición de regalar mocos a la audiencia. Resumiendo: un parte de guerra infame, pero aun así no renunciaban a la batalla.

Decía Lichis que “nada vuelve a ser lo mismo después de una gira por provincia”, y después de tocar en la capital nada volverá a ser igual para Jambalya.

La musculosa sección rítmica de Jambalaya / Diego Cabrera (@diegocabrerap)

La musculosa sección rítmica de Jambalaya / Diego Cabrera (@diegocabrerap)

Al público en general había que añadir amigos y conocidos que se acercaron a Costello Club para probar y repetir un poco de “rock’n rice”: nadie salió descontento. Estaba claro que a la banda le había costado llegar hasta allí y estos tipos no estaban dispuestos a dejarlo escapar, aunque el parte pre-concierto casi daba miedo. Aún así, fue empezar a tocar y se acabó el dolor.

La vida no suele perdonar y a pesar de llegar unos minutos tardes -los trenes no siempre son tan puntuales como anuncian- fue una maravilla empezar a bajar la escalera hacia el sótano donde se esconde el escenario de la Costello y ser recibido con la guitarra borracha –y eterna- de Same old faces.

Los temas –bastantes de ellos absolutos desconocidos que ni se preocuparon por presentar, ya habrá tiempo- suenan con la fuerza de un caballo de carreras bien entrenado (muy culpable de ello son Juan Antonio de Rus y su batería). De hecho, esas canciones inmesamente desconocidas se cobraron algún infarto y alguna víctima que después del concierto se preguntaba de dónde había salido esa canción que no paraba de resonarle en la cabeza o directamente no era capaz de imaginar que unos auténticos desconocidos sonaran así.

Jambalaya a punto de demostrar el "salvajismo ilustrado" / Alberto Bustamante

Jambalaya a punto de ilustrar el “salvajismo ilustrado” / Alberto Bustamante

Salvajismo ilustrado
Pero si hay que hablar de víctimas, el peor parado del concierto fue el bajo de Jesús Cabrera. Si esta banda acostumbra a no tener piedad con los instrumentos y no paran de exigirle desde el primer momento del concierto, después de la actuación en Costello el bajo en cuestión andará esperando una reencarnación de las manos de algún lutier. Una muestra evidente del salvajismo ilustrado que practica Jambalaya, pero ni mucho menos la única.

Daba igual, lo único que recordaba a los males que había venían arrastrando desde sus casas era la voz ronca del cantante y guitarrista (Alejandro García) cuando se dirigía al público, nada que ver con la fuerza que derrama en las canciones. Curiosamente lo peor del concierto no vino desde del lado de la banda, y eso que Jambalaya venía con el remolque de males hasta arriba. Fue el sonido de la sala: enseguida se convertía en una bola que perjudicaba a una banda que supo estar por encima de eso.

Epílogo
Cuentan que con este concierto en Madrid se cierra la gira del EP Something is coming (autoeditado en 2013) y una etapa que podríamos llamarla “fundacional”. Parece ser que lo que viene es un disco de larga duración y eso no debería de perdérselo casi nadie. Mientras tanto queda la nostalgia y un “ep” que desde hace meses está más que superado por aquellos que lo hicieron posible: Jambalaya.

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Sobrevivir a los domingos

‘Something is coming’, de Jambalaya: prehistoria de una prometedora historia

Volver a esta primera y única referencia hasta la fecha de Jambalaya tras haberlos escuchado en directo se parece a la arqueología, y eso que ha pasado poco más de un año desde su publicación, algo que sólo habla bien de este grupo.

Las canciones que registraron, actualmente suenan mucho mejor en cualquier concierto: más sólidas, más musculosas y más verdaderas, como si la grabación fuera la ropa de invierno de un adolescente que tras el verano le queda pequeña.

Sin embargo, estas canciones sirven para sacarle brillo a este domingo, aunque no sean más que un anuncio de lo que Jambalaya promete que vendrá. Pero antes del futuro, una parada en Madrid (sala Costello Club el próximo viernes 12 de diciembre a las 21:30, junto a Tres Esfinges de Bikini) para cerrar la gira de este Something is coming (autoeditado en 2013) y de paso una etapa.

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Estrofa, puente y estribillo

Jambalaya, los nadie que lo tienen todo

Parte de Jambalaya en directo / @diegocabrerap

Parte de Jambalaya en directo / @diegocabrerap

No tienen nombre ni posición, a pesar de que hace tiempo que mataron al padre y han aprendido sin mucho esfuerzo que para masticar rock todo se reduce a pellizcar la melodía. Pero antes de eso hay que cargar con el equipo (después habrá que descargarlo), sobreponerse a un sonidista “ponecopas” y hacer propios los ciclos –de menos a más y de más a menos o a la inversa– del viejo rito.

Jambalaya son conocedores de lo ajeno, pero también los primeros amantes de lo propio, ya les toque jugar en equipo o ser sangrientos mercenarios sin más sustento que el cable que les conduce a la electricidad, a veces unas pocas monedas, las menos.

Parte de Jambalaya en concierto  / @diegocabrerap

Parte de Jambalaya en concierto / @diegocabrerap

Músculo y contención (Juan Antonio de Rus en la batería), patean el escenario porque saben que ser elegantes en un escenario es exactamente lo contrario a ponerse una americana encima de una camiseta, basta con ejecutar como lo haría un pelotón de fusilamiento, pero cambiando el miedo al superior por la convicción en su idea.

Estrenan tema, bajan del escenario tocando, animan a desbarrar, se permiten la chulería de cantar una estrofa mientras afinan una guitarra (Alejandro García, guitarra y voz) y te clavan un estilete con la guitarra borracha de Same old faces –en cuestión de meses suena madura– mientras te aprietan las tuercas con un bajo aparentemente distraído (Jesús Cabrera al bajo). Plato exquisito.

Jambalaya en directo  / @diegocabrerap

Jambalaya en directo / @diegocabrerap

Pasa el tiempo y el estilete se ha oxidado dentro de ti. Ya es parte de tu cuerpo. Nunca hubo dolor, ya todo es placer y ganas de repetir con una ración mayor, más contundente es imposible. Pero toca esperar para recoger, cargar el equipo, distraerse e intentar dormir. De los beneficios económicos ya hablamos otro día, porque los que provoca Jambalaya a la salud son evidentes.

Ficha:
26 de julio de 2014, Concierto de Jambalaya en la sala Atenea (Dos Hermanas, Sevilla)
Aquí puedes escuchar la maqueta de Jambayala

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