El mundo gira en un sentido absurdo

La justicia poética también va contra Granados y cía.

De todas las justicias que hay en el mundo la que más me gusta es la justicia poética, incluso me gusta más que el comercio (no tan) justo. Es lenta, no siempre efectiva y a veces ni siquiera actúa, pero en tiempos como los que corren es casi la única que funciona, la oficial hace mucho que dejó de ser ciega, o si lo es tiene asesores con inclinaciones muy concretas.

La justicia poética me enamora, me hace sonreír, me divierte y me reconcilia con el mundo, además, siempre ofrece una sonrisa. Regala sorpresas y pequeñas venganzas, venganzas no personales, sino ese tipo de venganzas que la vida teje por cuenta propia. A a eso hay que añadir que los delincuentes rara vez piensan que llegaran a experimentarla en sus propias carnes, en el caso de que la conozcan. Aunque realmente no sé si en algún momento llegan a considerar la posibilidad de que la justicia los cace, sea la que sea.

Nadie sabe cuánto tiempo va a pasar en la cárcel Francisco Granados, lo normal será que poco tirando a poquísimo. Seguramente, en el caso de resultar culpable, las penas por sus delitos serán ridículas en comparación a lo hecho (casi siempre lo son, la mayoría de cosas no se pueden reparar) y las indemnizaciones y costas apagar probablemente resulten una broma, pero eso da igual. Lo importante ya ha pasado, todo el mundo sabe que está involucrado en un caso de corrupción.

Pero hay algo mejor, quizá Granados ni sea consciente, pero está viviendo una de esas sorpresas, una de las pequeñas venganzas que la vida prepara en silencio y que no se ven venir: está encarcelado en una prisión que el mismo inauguró cuando era consejero del gobierno de la Comunidad de Madrid que presidía Esperanza Aguirre. “…La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida…” cantaría Rubén Blades. Por cierto, quien hacía los honores aquel día era un insigne profesor universitario, por entonces ministro del Interior, el doctor Alfredo Pérez Rubalcaba.

Algo parecido ocurre con David Marjaliza, según parece, socio de  Granados en este colectivo de emprendedores que alimentaba sus negocios con dinero público, con lo que le cuesta a un emprendedor conseguir financión en la actualidad. En una conversación telefónica que se ha filtrado, Granados le decía a  Marjaliza, “David, la UCO está investigando”, a lo que Marjaliza preguntaba: “¿Qué es eso de la UCO?”.  Desconozco si alguien se lo ha explicado ya.

Tampoco conozco si cuando a Granados le fue comunicado el traslado desde la cárcel de Soto del Real a la de Estremera cayó en la cuenta de lo que ahora casi todo el mundo sabe: aquella cárcel… Otra cuestión sobre la que tampoco tengo certezas es de si Marjaliza tiene ya claro lo que es la UCO tras haber sido detenido por esos señores con chalecos de color “verde Guardia Civil” con el acrónimo “UCO” escrito en la espalda. Lo que sé es que de haber estado en sus respectivos pellejos se me habría desencajado la mandíbula en una mueca mitad divertida y mitad derrotada ante el irónico puntapié que la vida me estaba haciendo encajar, ya fuera por verme encarcelado en una prisión que yo mismo habría inaugurado o por que me detuviera un ente que desconocía hasta casi antes de ayer.

Aunque pensándolo mejor, uno tipos como estos estarán dedicados a cuestiones más elevadas. Seguro.

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El mundo gira en un sentido absurdo

No les basta con negar la realidad, tienen que reescribir la historia

Primera anotación en el diario de a bordo del primer viaje de Colón

Primera anotación en el diario de a bordo del primer viaje de Colón

Pertenecer a un partido cruel con la ciudadanía, defender actitudes que se traducen en desconsideración y mentira para las personas –los que te votan y los que no–, comer de las arcas públicas, etc. no parece suficiente para algunos. Hay que llegar más allá. No les basta con negar una realidad y reírse de la gente, hacer reformas educativas y proponer libros ridículos –unos y otros–, aún les quedan cosas por hacer, lo del otro día fue sólo un ejemplo.

Esto es lo último, pero la megalomanía de los poderosos, en realidad un alcalde de capital de provincia, no conoce límites. Nunca he ido a un mitin del pepé, ni de ningún otro partido, sin embargo estoy seguro de que deben ser sitios que ofrecen experiencias radicales y vida al límite. No fue una excepción el mitin que el pasado lunes (19 de mayo) organizó el pepé en Sevilla como uno más de sus actos electorales de cara a las inminentes –¡menos mal!– elecciones europeas.

Con la impunidad con la que se invisten a sí mismo los políticos españoles y con su gracejo sevillano, Juan Ignacio Zoido –alcalde de Sevilla– decidió que las 2 carabelas y la nao en las que partió Colón y su tripulación hacia América habían salido de Sevilla: “De aquí salieron las naves para descubrir América” aseveró el primer edil de Sevilla. Además se permitió el detalle de decir que todos los demás estábamos equivocados: “Aunque os digan que las naves salieron de Palos, es mentira, las naves salieron de aquí” aseguró el iluminado edil.

Me pregunto: ¿Tan lejos tiene que llegar una persona para darle lustre a su ciudad (por cierto, no es de Sevilla capital este tipejo)? ¿No es Sevilla suficientemente bonita por sí misma? ¿Necesita usted decir mentiras tan bajas y ridículas o es que acostumbrado a ser falsario como político español que es ya no sabe parar? ¿Tanto complejo de inferioridad sufre usted?

Supongo que lo siguiente será decir que la gamba fresca se pesca también en Sevilla, que el “pescaito” frito es más sevillano que la Giralda y que el salmorejo sevillano –que lo vieron así escrito “estos ojitos”, como diría la Vargas, en un bar de la Alfalfa (Sevilla)– es un plato estrella de la gastronomía sevillana que los cordobeses copiaron. El resto miraremos como el pez grande se come al chico.

Seguramente si digo que el perfil del político español se caracteriza por la mentira y la indigencia intelectual algunos se enfadarán, “no todos son así” dirán muchos; pero desde luego es un hecho que el perfil de Juan Ignacio Zoido se caracteriza por la indigencia intelectual y por la mentira, el mismo lo dejó claro el otro día.

Quizá es que llegaba todavía alegre de ese mercado de ganado sevillano que derivó en acto social al que no se puede faltar si eres alguien en este país o fuera de él, hablo de la Feria de Abril. Pero seguro que no, Zoido tiene pinta de hombre serio y poco dado a embriagarse. A él seguro que las cosas le salen así de naturales. Lo cierto es que no es nada nuevo, igual que el partido al que pertenece el señor Zoido se ríe de la gente de a pie y que intenta sobrevivir al día a día haciendo las cosas bien, Zoido se rió de todos aquellos que se echaron al mar, gente de a pie, o incluso de más abajo, y gente que pensaba que había algo más que lo conocido hasta ahora, un nuevo mundo que descubrir.

Aquellos que tienen la posibilidad de votarlo pueden seguir haciéndolo, pero nunca extrañarse de un comportamiento que dejó claro hace tiempo. Luego pedirá perdón diciendo que sólo era un comentario en broma −ya lo hizo antes− y continuará con su labor, la que los ciudadanos le encargaron, al menos unos cuantos. Y esto que me hace reaccionar no es orgullo o que me hayan tocado el lugar donde nací –en Huelva somos los primeros indolentes, catetos y poco dados a luchar por lo nuestro– , es asco porque realmente hay otros como él que piensan que el mundo es como ellos dicen y que no tenemos más remedio que creerlo a pies juntillas, aunque realmente son seres ridículos y sin instrucción.

Ellos creen que tienen los conocimientos y que no precisan de más: el otro día lo dijo la señora Valenciano (que nada tiene que ver con el PP, según ella, yo no lo tengo tan claro y creo que no soy el único) hablando de su ausencia de titulación universitaria: “Me parece un poco reduccionista intentar saber lo que uno sabe si tiene el título o no de Ciencias Políticas. Tengo la formación pero no tengo el título. Hice tres años” comentó en una entrevista (mejor no hablar de la formulación de la frase, daría para un opúsculo, como mínimo). Y la verdad, queda muy bien dicho si tienes título, pero si no revela cierto complejo de inferioridad, pero ella es política y está por encima de eso.

Teología y dogmas de fe de andar por casa, tampoco necesitan más.

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Emigrar no es lo que sale en ‘Españoles por el mundo’

Hokkaido straight way  / OpenCage

Hokkaido straight way / OpenCage

Hace tiempo que llevo dándole vueltas al asunto. Yo he estado allí y sé lo que es eso. Además, conozco a más gente ahí fuera que me ofrecen versiones de primera mano. Emigrar es una gran experiencia, puede ser un placer –como es un placer descubrir cosas nuevas y buenas–, pero no es jauja.

Tras mucho tiempo pensando en este tema, el otro día leí un texto bastante sincero, coherente, interesante y realista de un tipo con el que no me une más que disfrutar con el baloncesto: Piti Hurtado. Hurtado se largó hace unos cuantos meses a entrenar a un equipo en Hokkaidō (Japón) –ya tenía experiencia en Baja California (México) y en Utah (Estados Unidos de América): un tipo curtido en estar lejos de su tierra y de su familia–. Sin recurrir a los tópicos  de “echo mucho de menos a mi familia y la comida…”, explica como rompió con el hilo atávico que lo une a su tierra –hilo atávico queda muy poético, pero realmente lo atávico es una cadena con cosas buenas y malas, con cuestiones mundanas y otras profundamente metidas en la sangre de cada uno– para irse a entrenar a Japón.

Con la misma honestidad que relata que si prescindía del pivot americano vago y poco dado a entrenarse lo que le quedaba eran pívots locales tamaño “gnomo” o que la improvisación no es el fuerte de los japoneses, cuenta lo extraordinario que es sumergirse en una cultura radicalmente diferente y lo bueno que fueron las visitas de su familia ayudándole a no tirar la toalla cuando estar lejos de todo lo conocido y lo querido es una mierda absoluta, más si cabe cuando tienes hijos y pareja que están lejos. Cualquiera que haya emigrado sabe lo que es eso, lo mal que Skype puede llegar a funcionar o lo jodido que es ver como tus amigos hacen planes en el grupo de WhatsApp mientras tú tienes que trabajar o estás más solo que la una. Sin dramas, pero muy consciente de lo que implica cambiar Extremadura por Japón ante las necesidad de buscar un trabajo, dándole el valor que tiene, disfrutando de lo nuevo sin esconder los graves problemas de comprensión que se pueden tener e incluso sufrir.

Emigrar es conocer gentes y sitios nuevos, pero también es que un español –como tú– te explote en un país de Centro Europa sin hacerte un contrato y teniéndote que pelear con él para que te pague el mes; emigrar es trabajar en lo que has estudiado y te gusta y que te paguen las horas extras o te las cambien por días libres, pero también es que se rían en tu cara y no te den ni una mínima parte de las propinas –las horas extras ni hablamos– en un trabajo con un día de descanso a la semana y jornadas interminables; emigrar es disfrutar de la vida en una gran capital mundial lejos de la que naciste, pero también es tener una carrera, un máster, hablar tres idiomas, defenderte en un cuarto y tener dos trabajos porque con uno no sobrevives; emigrar es descubrir  un lugar mágico que no aparece en las guías, pero también es que el casero se ría de ti porque eres extranjero o que tus compañeros de piso decidan de hoy para mañana que la semana que viene no tendrás piso; emigrar es vivir en un sitio encantador que jamás pensaste siquiera visitar, pero también es que el perro del policía de frontera te huela porque llevas bombones en la mochila y, al ver en tu pasaporte que eres español, el policía lo primero que te diga sea “there’re a lot of weed smokers in Spain” y se te quede cara de imbécil.

Hurtado, como muchos otros en este tiempo y en este lugar, es un tipo que ve esquilmado su espacio –probablemente también cansado de la explotación que sufrimos aquí, lo mismo que muchos otros– y que decide hacer las maletas: fin. Ese es el don y la maldición. Su franqueza no evita que sea consciente de que es un privilegiado; un tipo con las dosis de lucidez que deja ver en sus análisis sabe que muchos otros han emigrado en peores condiciones y con pésimas perspectivas de futuro.

Dudo mucho que el señor Hurtado se haya hecho rico tras su experiencia japonesa –si fuera así no pensaría en volver a Japón (¿para qué si ya es rico?) o estaría seguro de que va a volver para hacerse más rico aún–, pero está claro es que sí sabe lo que es la emigración, todo lo bueno y lo malo que implica. Piti Hurtado es un entrenador de baloncesto, pero también muchas otras cosas, por eso da igual que cuando lean el texto al que hago referencia (lo pueden encontrar aquí) no distingan un pívot de un escolta tirador o que piensen que un tipo de 1.96 es un gigante –lo es, pero no para jugar al baloncesto–, como todas las cosas importantes, el texto llega muchísimo más allá del baloncesto, habla de la vida.

Gracias señor Hurtado, o como está acostumbrado a oír últimamente: “domo-arigato” –que me corrijan si lo he puesto mal–. Sin tonterías ni medias tintas usted explica lo que es emigrar, igual de pedagógico e ilustrativo que sus videos de baloncesto, sincero y honesto. Disculpe el exceso de confianza al tomarle como ejemplo, pero su discurso vale mucho. Con gente así en nuestro país no entiendo como estamos metidos en tal fangal, bueno, sí lo sé: porque las decisiones no las toman personas sensatas y sabías que saben de lo que hablan.

Amenazo con volver sobre este tema porque queda mucho por decir.

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El mundo gira en un sentido absurdo

Así estamos

Rajoy a punto de decir su enésima mentira / Iker Parriza

Rajoy a punto de decir su enésima mentira / Iker Parriza

Hasta un indigente intelectual como Zapatero, el único capaz de disputarle a Rajoy el puesto de peor presidente en la historia de España, fue capaz de hilar un discurso sereno, justo, con tintes de sinceridad y dosis de corazón sobre Adolfo Suárez, aunque a este le sobraran ya los reconocimientos.

Incluso un rey amante de las francachelas a cuenta de otros y cabeza de familia de un cotolengo fue capaz de salir en directo a hacer una declaración oficial con más fondo y más espíritu que la de Rajoy.

Sin embargo, el marionetil presidente, fiel a sus preceptos —principios es una palabra demasiado valiosa para hacer referencia al ideario de tan bajo personaje—, optó por su característico balbuceo y una declaración institucional fría, exenta de alma en cualquiera de sus acepciones, llena de lugares comunes y sin ningún contenido. Lo hueco empieza a ser marca de la casa.  Ya lo había hecho hacía poco al morir uno de los músico más grandes de la historia y el más importante del siglo XX en España, veremos si no lo es también del XXI. Aunque peor, que me perdone Paco de Lucía, fue lo ocurrido con un parrafito que se le escapó al departamento de prensa de Moncloa a la hora de dar un pésame, dicho parrafito provocó que el gabinete del presidente mostrara sus condolencias por un motivo equivocado o a las personas equivocadas, según se mire. Parece que ya deberíamos estar acostumbrados.

Y así estamos, unos en sus tumbas y otros mandando.

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