El mundo gira en un sentido absurdo

La paradoja Fariña

Portada de Fariña

Los editores de Libros del K.O. y el periodista Nacho Carretero se han visto ante el juez por un presunto delito cometido con la publicación de un libro llamado Fariña. Allí se recoge la historia del narcotráfico en Galicia, una historia tristísima en la que unos tipos, además de saltarse casi todas las leyes, hacer dinero a mansalva, matar, comprar a quién se dejaba comprar, destruir parte de varias generaciones y deteriorar el tejido social de la sociedad gallega, contaron con el reconocimiento popular e incluso ganaron algunas elecciones.

Es paradójico, y hasta cierto punto divertido –seguro que no para los editores de Libros del K.O. ni para Carretero–, que hoy se encuentren en la misma situación que los narcos, perseguidos. Una broma de la historia. Libros del K.O. y Nacho Carretero están siendo perseguidos por un presunto delito mientras que el pueblo los apoya, ya sea en redes sociales (la manera más blanda del apoyo), haciéndose eco de la noticia y, de la forma más importante, comprando Fariña hasta agotar sus existencias (el libro, claro).

A diferencias de los narcos, Libros del K.O. y Carretero distribuyen material de muy buena calidad y eso no pasa desapercibido. La competencia no sabe como meterles mano.

Espero que en breve nos estemos riendo de esto, aunque sea un tema muy serio.

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Ficciones y no tanto

Un “proceso de selección”

Todo había empezado con una llamada, como casi todas las cosas en la actualidad. Aunque no fue así del todo.

Realmente había comenzado cuando decidí que era el momento de buscar trabajo y para ello creí necesario registrarme en webs y aplicaciones dedicadas a eso. Introduje mi currículo en la web de una archiconocida empresa de trabajo temporal que además de buscar trabajo a la gente –lo de encontrárselo era harina de otro costal–, tenía una vocación humanista, ya que sostenía una fundación con muchos objetivos muy loables.

A los dos días de inscribirme encontré una llamada perdida en mi teléfono móvil y no dudé en responderla. Mi vida social nunca ha sido una maravilla, pero sólo cuando he estado buscando trabajo he hecho ese tipo de cosas.

Efectivamente me llamaban para “un proceso de selección” de una de las empresas donde había introducido mi currículo y marcado algunas preferencias, incluso me había inscrito en alguna oferta de trabajo. En este caso era una beca de prácticas, algo que tal y como estaban las cosas desde hacía años (no muy diferentes como están ahora) tenía carácter de empleo, aunque fuera temporal o precario o temporal y precario.

A los poco tonos me cogió el teléfono una amable joven que me confirmó que llamaba a una empresa de trabajo temporal y me ofrecía su ayuda.

−Me llamo… y supongo que me han llamado por la oferta de…

−Sí, ¿me dice su nombre?

−…

−Ehhhh, sí, … –me dijo tras escucharse cierto barullo de papeles al otro lado del teléfono.

Aquí empezaba lo divertido.

–Efectivamente.

–Buenas, le llamo de la empresa… –me dijo con tono robótico, sin ningún resto de la naturalidad con la que me había respondido a mi llamada, hasta se había aclarado la voz antes de empezar su discurso.

Estuve a punto de decirle que no me había llamado ella, sino que era yo el que estaba llamando, pero lo dejé pasar. No me parecía buena idea llevarle la contraria tan pronto a la persona que va a decidir si eres apto o no para un trabajo. Además, dudé entre si no sabía conjugar los verbos o directamente era tan imbécil que no era capaz de dar su discurso sin la menor variación. Quizá había querido decir “Le he llamado por…”, pero lo cierto es que lo dijo en un presente alto y claro. En cualquier caso, decidí callar.

Con su voz robótica me explicó las condiciones de la oferta, el porqué de la misma y la razón para contactar con un paria como yo, mientras al otro lado de la línea yo asentía recién despierto sobre la cama desvencijada que cada noche disipaba mi capacidad para el descanso. Era la cama de un paria.

A pesar de estar aturdido por un otoño más caluroso de lo que cabía esperar en Madrid, no necesitaba confirmación para saber que la persona que iba a determinar si era o no la persona adecuada para realizar las funciones que requería aquella “beca de práctica” era más idiota que yo, que ya es decir, pero no dudó en ofrecerme una confirmación. Estaba hablando con una persona muy diligente y no iba a dejar ningún cabo sin atar.

–Estamos organizando unas dinámicas de grupo, ¿te gustaría participar?

Ahí no pude evitarlo. Me había contenido la primera vez y había soportado la voz robótica contándome todo aquello sin pestañear, sabiendo que estaba más cerca de una máquina que de una persona, pero esa vez no pude contenerme. Seguramente tampoco quise.

Su tono cantarín ofreciéndome la posibilidad de participar en una dinámica de grupo como si me ofreciera un boleto de lotería premiado con 20 millones de euros cuando participar en esa “dinámica de grupo” era la única forma de continuar en el “proceso de selección” me parecía demasiado. Tenía que responder a tal afrenta.

–Si quiero continuar en el “proceso de selección” tengo que participar en la “dinámica de grupo”, ¿verdad? −y para confirmar lo que estaba diciendo continué−, ¿no puedo participar en el proceso de selección sin eso? –le dije con buen tono pero haciéndole ver que aunque fuera un paria no era idiota.

Se rió, estoy seguro de que no pudo evitarlo. Quizá tuviera un destello de inteligencia, más bien un reflejo. Se había dado cuenta de que había dicho una obviedad y yo no la había dejado pasar.

Creo recordar que me emplazó para dos o tres días después en unas grandes oficinas del centro financiero de Madrid. Supe llegar porque un amigo vivía cerca y porque en esa zona había una tienda donde en otra época había rapiñado ofertas de vinilos. Pero de eso hacía mucho. Ya apenas quedaba con amigos y mucho menos compraba discos.

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Sobrevivir a los domingos

‘Poesías completas’, de Antonio Machado: Absoluta poesía

Portada del libro en la editorial Austral

Portada del libro en la editorial Austral

Hoy hace 76 años que Antonio Machado moría en Colliure, que puede parecer un lugar como otro cualquiera para morir, pero en este caso era el peor de todos los lugares. Colliure era el exilio.

Hoy Antonio Machado sigue enterrado allí, sigue en el exilio y lo peor de todo es que está allí no sólo fisicamente. La idea, la enseñanza, la visión del mundo y casi todo lo que representa el poeta sigue exiliado de lo que hoy es España y me atrevería a decir que así va a seguir siendo.

Por suerte, su obra escrita es un refugio –nunca una trinchera– donde encontrar respuestas y donde encontrarse, hoy, un domingo invernal o en cualquier otra fecha del calendario.

 

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Sobrevivir a los domingos

‘De todas las historias de la Historia’, de Jaime Gil de Biedma: poesía exquisita

La altura y la exquisitez de la poesía de Gil de Biedma la convierte en intemporal. No necesitó muchos poemas ni libros para convertirse en uno de lo más grande, tan sólo necesitó poemas como este.

Esta sextina que forma parte del libro Moralidades (escrito en 1962 y publicado por primera vez en Méjico en 1966) no apareció publicado en España hasta 1968 como parte del libro Poemas póstumos, ya que la censura no lo permitió antes.

Pero basta de preámbulos, este poema basta para iluminar un domingo y cualquier día, aunque fuera el más oscuro de los conocidos o por conocer.

‘De todas las historias de la Historia’

Y qué decir de nuestra madre España,
este país de todos los demonios
en donde el mal gobierno, la pobreza
no son, sin más, pobreza y mal gobierno
sino un estado místico del hombre,
¿la absolución final de nuestra historia?

De todas las historias de la Historia
sin duda la más triste es la de España,
porque termina mal. Como si el hombre,
harto ya de luchar con sus demonios,
decidiese encargarles el gobierno
y la administración de su pobreza.

Nuestra famosa inmemorial pobreza,
cuyo origen se pierde en las historias
que dicen que no es culpa del gobierno
sino terrible maldición de España,
triste precio pagado a los demonios
con hambre y con trabajo de sus hombres.

A menudo he pensado en esos hombres,
a menudo he pensado en la pobreza
de este país de todos los demonios.
Y a menudo he pensado en otra historia
distinta y menos simple, en otra España
en donde sí que importa un mal gobierno.

Quiero creer que nuestro mal gobierno
es un vulgar negocio de los hombres
y no una metafísica, que España
debe y puede salir de la pobreza,
que es tiempo aún para cambiar su historia
antes que se la lleven los demonios.

Porque quiero creer que no hay demonios.
Son hombres los que pagan al gobierno,
los empresarios de la falsa historia,
son hombres quienes han vendido al hombre,
los que le han convertido a la pobreza
y secuestrado la salud de España.

Pido que España expulse a esos demonios.
Que la pobreza suba hasta el gobierno.
Que sea el hombre el dueño de su historia.

Jaime Gil de Biedma

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Notas de lectura

‘Vida de este capitán’, de Alonso de Contreras: Un memorial de verdad

Portada de la edición de bolsillo

Portada de la edición de bolsillo

Seguramente ningún rey o secretario leyó nunca el mejor memorial que Alonso de Contreras (Madrid, 6 de enero de 1582 – 1641) pudo presentar en su vida, digo seguramente cuando realmente podría decir jamás. Como muchos otros en su época, recorrió estancias palaciegas, covachuelas, secretarías y casas nobles con sus documentos donde se recogían sus hazañas y trabajos para el “Imperio Español”, pero cuando quedó redactado no le sirvió más que para ser recordado como el que mejor contó la historia de un hombre del hierro en aquella época. Aunque ciertamente, Contreras no escatima detalles, secretarios reales, reyes y nobles aparecen retratados como aquellos que en muchas ocasiones demoraron lo prometido y sobre todo lo merecido y ganado. Este, a pesar de ser el mejor memorial que pudo exponer, no le habría ayudado a progresar.

Alonso de Contreras llevaba el hambre en las tripas antes de nacer y cuando vio una salida no dudó en cogerla, aunque fuera guerreando –a pura cuchichada y tiro de arcabuz, también es así como escribe– para aquellos que luego le regatearían una soldada siempre inferior a su valor y a sus acciones. Sin escatimar detalles ni guardarse situaciones feroces –quiraca y amigo heridos a punta de espada, mujer y amante asesinados, entradas en puerto con un prisionero muerto colgando del palo mayor…–, de Contreras teje su vida de la única forma en que puede hacerlo, como la vivió.

Lo dice Pérez-Reverte en el prólogo, seguramente Cervantes habría escrito unas memorias mejores de su vida como soldado, pero no habrían sido más verdaderas ni veraces que las del propio de Contreras y contarían con un halo de ficción que le restaría parte del polvo en las botas y la sangre que salpica la espada de Alonso de Contreras. De la ficción ya se encargó Lope de Vega, que narró uno de los episodios de su vida en la comedia El rey sin reino, además de acogerlo durante ocho meses en su casa y sugerirle la redacción de este texto.

Eso nos lleva al estilo. Seguramente teóricos postmodernos, vanguardistas o sencillamente modernos tendrían para establecer un debate sesudo y de altos vuelos sobre la forma de escribir de Alonso de Contreras con títulos como “El estilo de la falta de estilo”, pero al igual que lo que cuenta lo cuenta como lo vivió, lo cuenta de la forma en que pasó. De Contreras no practica el diálogo ni ningún otro artefacto literario, y si no tuviéramos la certeza de que es un texto biográfico de alguien que no leyó nunca un libro, podríamos pensar que estamos ante un texto escrito premeditadamente así. Sin embargo, lo cierto es que Alonso de Contreras relata su vida de la misma forma que la relataría a los nobles o secretarios cuando presentaba sus memoriales, como lo haría en tugurios o en las pensiones, cuarteles y conventos que frecuentaba.

Este libro no se anda con tonterías ni correcciones, es un soldado hambriento desde la cuna contando lo que vivió y de la forma en que lo vivió: chuzos, tajadas, olor a pólvora, a salitre y a humanidad. Se trata de un texto áspero como una maroma, como lo que es: la vida de un buen levente al servicio de la corona española. Con todo lo bueno y lo malo que lleva aparejado.

Ficha:
Vida de este capitán, de Alonso de Contreras (prólogos de Arturo Pérez Reverte y José Ortega y Gasset). Editado por Reino de Redonda en 2008, tercera edición de 2011.

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