Sobrevivir a los domingos

Diego Vasallo y El Cabaret Pop: Saber hacer canciones

En las antípodas de su última y extraordinaria entrega en solitario –Canciones en ruinas (2010) es un disco austero y prácticamente desnudo–, Diego Vasallo y El Cabaret Pop (1995) es un disco exquisito: canciones geniales, sonido cuidadisimo, instrumentación de gran altura y perfecto para casi caulquier momento. Con una colección de guitarras y teclados que brillan desde el comienzo, este disco aglutina canciones que se rompen en el tiempo e inundan el ambiente de una nostalgia bella (Miramar, Polaroids, Verano o Cristal son sólo algunos ejemplos) imposible de olvidar.

De principio a fin las canciones van dejándose ver, sin prisas, llenando espacios y convirtiendo un domingo cualquiera en el mejor día de la semana. Y si no es así, al menos quedarán las canciones.

 

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Estrofa, puente y estribillo

Duncan Dhu, canciones a pesar de todo

Ni empezar casi media hora tarde ni que hubiera gente entrando en el auditorio con la tercer canción empezada ni el constante murmullo de un público que dedicaba más atención a sus intentos por resultar ingeniosos que a lo que tenía en el escenario ni siquiera un Mikel Erentxun que parecía un adolescente con pretensiones de llamar la atención restó brillo a esta banda de artesanos acompañados de un sonido estupendo.

No todos los regresos son buenos y siempre hay formas y formas de revivir el pasado, sin embargo, el regreso de Duncan Dhu es de los buenos. Cada canción del pasado gana en detalle y belleza a las grabaciones y todas remiten a un tiempo y un lugar: Duncan Dhu año 2014.

Siempre ha habido algo en las producciones de los discos de Duncan Dhu que me hacía pensar que las canciones eran mejores que lo que estaba grabado, algo que no me pasa con casi ningún disco de Diego Vasallo. Quizá esa opinión tenga que ver con los pecados de las producciones musicales de los 80 y los 90, pero nada de esto ocurrió el viernes pasado. Incluso cuando la banda se ciñe al pop más tradicional y sencillo hay alguna guitarra sucia o un Hammond dispuestos a darle personalidad y empaque al sonido. Todo estaba en su sitio desde el primer momento, detalles de órgano, pedal steel y lap steel, armónica, baterías “country” y el característico bajo de Diego Vasallo, todo encajaba, todo suena a madera vieja.

Diego Vasallo, el tipo que enseñó a envejecer al tiempo
Cuando Vasallo toma la iniciativa se hace dueño de todo, es mercurio líquido, plomo fundido; Vasallo es sonido negro, un trozo de bronce cincelado que con su sola presencia lo cambia todo. Cuando abandona el bajo, ya sea en busca de su propia voz o agarrándose a ese cetro que es su armónica desvencijada, la música parece dictada por las pulsaciones de un corazón  oxidado que se niega a dejar de latir mientras lo inunda todo.

El resto es más historia que otra cosa: himnos, canciones que hablan de leyendas, fragmentos de Crepúsculo que se hacen escasos, un duelo al tiempo que aunque esté perdido merece la pena pelearse, una banda de verdad sonando a verdad y una noche lluviosa en compañía de una chica. Pedir más sería mezquino.

  • Ficha:
    Concierto de Duncan Dhu en el auditorio del Palacio de Congresos de Sevilla; viernes 28 de marzo con algo más de 2/3 de entrada. Diego Vasallo: bajo, armónica y voz; Mikel Erentxun: voz y guitarra acústica; Fernando Macaya: guitarra acústica, guitarra eléctrica y pedal steel; Karlos Arancegui: batería y percusiones; Joseba Irazoki: banjo, guitarra acústica, eléctrica y lap steel; Mikel Azpiroz: piano, órgano, teclados y guitarra eléctrica.
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