Sobrevivir a los domingos

‘De todas las historias de la Historia’, de Jaime Gil de Biedma: poesía exquisita

La altura y la exquisitez de la poesía de Gil de Biedma la convierte en intemporal. No necesitó muchos poemas ni libros para convertirse en uno de lo más grande, tan sólo necesitó poemas como este.

Esta sextina que forma parte del libro Moralidades (escrito en 1962 y publicado por primera vez en Méjico en 1966) no apareció publicado en España hasta 1968 como parte del libro Poemas póstumos, ya que la censura no lo permitió antes.

Pero basta de preámbulos, este poema basta para iluminar un domingo y cualquier día, aunque fuera el más oscuro de los conocidos o por conocer.

‘De todas las historias de la Historia’

Y qué decir de nuestra madre España,
este país de todos los demonios
en donde el mal gobierno, la pobreza
no son, sin más, pobreza y mal gobierno
sino un estado místico del hombre,
¿la absolución final de nuestra historia?

De todas las historias de la Historia
sin duda la más triste es la de España,
porque termina mal. Como si el hombre,
harto ya de luchar con sus demonios,
decidiese encargarles el gobierno
y la administración de su pobreza.

Nuestra famosa inmemorial pobreza,
cuyo origen se pierde en las historias
que dicen que no es culpa del gobierno
sino terrible maldición de España,
triste precio pagado a los demonios
con hambre y con trabajo de sus hombres.

A menudo he pensado en esos hombres,
a menudo he pensado en la pobreza
de este país de todos los demonios.
Y a menudo he pensado en otra historia
distinta y menos simple, en otra España
en donde sí que importa un mal gobierno.

Quiero creer que nuestro mal gobierno
es un vulgar negocio de los hombres
y no una metafísica, que España
debe y puede salir de la pobreza,
que es tiempo aún para cambiar su historia
antes que se la lleven los demonios.

Porque quiero creer que no hay demonios.
Son hombres los que pagan al gobierno,
los empresarios de la falsa historia,
son hombres quienes han vendido al hombre,
los que le han convertido a la pobreza
y secuestrado la salud de España.

Pido que España expulse a esos demonios.
Que la pobreza suba hasta el gobierno.
Que sea el hombre el dueño de su historia.

Jaime Gil de Biedma

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El búfalo de la noche, de Guillermo Arriaga: palabras de gasolina

Portada del libro en la edición de 'Verticales'

Portada del libro en la editorial Verticales

La primera vez que supe de este libro fue porque se asomaba al escaparate de una librería de Granada, recuerdo que el título me llamó la atención y me lo apunté. No recuerdo la portada, pero estoy seguro que no es la misma que lleva el ejemplar que acabé comprando tiempo después.

No me sonaba el autor, pero con una ligera búsqueda supe de quien se trataba, aunque no había visto ninguna de sus películas, en aquel momento, casi como hoy, es conocido principalmente por su labor como guionista.

Pero todo eso da igual, lo importante es un libro que si hay una palabra que lo defina es “tenso”. También podría ser denso, pero no por la escritura ni por el tema, sino por el aire que te obliga a respirar mientras avanzas párrafo a párrafo.

Me costaría encontrar un libro en el que todos los elementos encajen tan bien y, sobre todo, que consiga llevar al lector justo al sitio donde quiere llevarlo tan descaradamente; se podría decir que estás casi a su merced.

Desde el primer momento el libro te agarra. No te conduce, sino que te lleva y no hay forma de pararlo.

Aunque se podrían escribir páginas y páginas sobre este libro, casi todo sería palabrería comparado con el mismo, algo que no ocurre siempre. Así que mejor parar y sencillamente disfrutarlo.

Ficha:
El búfalo de la noche, de Guillermo Arriaga: novela de 1999 reeditada en España en 2009 por la editorial Belacqva.

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Casablanca, de Michael Curtiz: un lugar al que regresar

La pregunta no es ¿has visto Casablanca? La pregunta es ¿cuántas veces has visto Casablanca? Por rememorar diálogos, por recordar personajes, por disfrutar de una obra de arte mayor…

Humphrey Bogart en estado de gracia dentro de un personaje que seguramente sea su personaje, un guión que no se terminaba de escribir aunque el final del rodaje estaba a la vuelta de la esquina, Ingrid Bergman derramando “charme”, secundarios de lujo y todas las razones que cada uno encuentra en esta película son partes de un todo irrepetible que encajan a la perfección.

Por eso Casablanca es perfecta para ayudar a sobrevivir a un domingo, cualquiera que sea.

Una de las mejores escenas de la película Casablanca (Michael Curtiz, 1942)

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‘Let’s Stay Together’, de Al Green

Era el año 1972 y Al Green ya había mostrado que era un excelente músico más allá de su potente voz y su llamativo falsete, pero fue Let’s Stay Together (1972) el disco que lo llevó definitivamente al olimpo de la música.

Una producción refinada con unos vientos contenidos y un órganos reposados destinados a embellecer más que a protagonizar, una colección de canciones que permanecen en la historia de la música y obviamente su falsete, eso sí, está vez destilado con mucha sutileza, no sólo derrochando voz.

Let’s Stay Together es uno de esos disco en los que el caminar cadencioso del soul y los medios tiempos no son sinónimos de exceso de azucar sino de charme y caricias que salen de los altavoces.

Haga frío o haga calor hay motivos para encontrar perfecto este disco grabado hace más de cuarenta años.

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‘La primavera de la esfinge’, de Luís García Montero

Poeta reputado entre poetas, no poetas y rockeros (Quique González se inspiró en su poema Aunque tú no lo sepas para su canción del mismo nombre), Luís García Montero ha tenido desde muy joven una voz propia como poeta. Eeste poema de su libro La intimidad de la serpiente (Tusquets. Barcelona, 2003) es una buena muestra de ello: bello, pausado y real.

“Olvídate de mí si estás conmigo.
Podemos permitirnos este lujo
de abandonar los nombres,
porque el nombre es razón de los ausentes,
y nosotros estamos en la luz,
en el aire que corta las dulces siluetas,
en el tiempo que ordena las palabras
y en los escalofríos del jardín.
Incluso en la memoria que quiso ser presente.

Después vendrá el otoño
y volverán los nombres a los labios.
Apágame, viajero,
la luz cuando te vayas.

Recuérdame, lector,
al doblar esta página.”

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