Sobrevivir a los domingos

Relatos salvajes, de Damián Szifrón: Todos lo llevamos dentro

Bukowski decía que no son las grandes desgracias las que vuelven loco a un hombre, sino las pequeñas cosas y lo ejemplificaba con algo que todo el mundo ha experimentado alguna vez: el cordón del zapato que se rompe al ir a atarlo un día cualquiera que llevamos prisa. Algo de esto tiene Relatos salvajes, una película poco común en su planteamiento: son historias independientes con el único motor de la rabia ante una injusticia o más bien lo que provoca la contención ante ésta. Rabia, injusticia, impotencia, ganas de reaccionar ante un mal injusto, la contención de una respuesta violenta, el mal que provoca esa contención y al final la liberación por sacarlo fuera, algo que seguramente nos haría más libres pero acabaría haciendo imposible vivir en una sociedad. Todo eso está en Relatos salvajes.


Tráiler de la película

Todos nos vemos reflejados en algún momento de la película, muy bien escrita y dirigida por Damián Szifrón. Además, la nómina de actores −Ricardo Darín, Leonardo Sbaraglia, Dario Grandinetti, Érica Rivas, Oscar Martínez, Rita Cortese…− no hace más que enfatizar en lo que presenta el guión y ayudar a empatizar con los personajes.

Especial mención requiere el genial fragmento dedicado a ese héroe del pueblo llamado “Bombita”. No vamos a contarlo −sería mutilar una de las mejores partes de la película−, pero sí decir que quizá por ser el menos extremo en su principio es el que más puede atraer al público. Todos hemos vivido un episodio como el que sufrió “Bombita”, todos hemos sentido la impotencia y tenido ganas de reaccionar como él. De hecho, sería de justicia, al menos justicia poética, reacionar así: TODOS LLEVAMOS UN “BOMBITA” DENTRO.

En definitiva, un plan perfecto para sobrevivir a este domingo. O a un domingo cualquiera. O a cualquier día.

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‘El jardín de las delicias’, de ‘El Bosco’: El estado más puro del arte

Hoy mismo, quizá mañana o realmente cualquier día es un buen momento para acercarse al Museo del Prado en Madrid y entrar cuando tan sólo quedan dos horas para el cierre para aprovechar ese tiempo en que la entrada es gratuita. Una vez dentro los destinos son infinitos, pero si sólo hubiera un cuadro al que poder dedicarle tiempo entre todas esas salas, incluso si sólo hubiera un cuadro al que poder dedicarle tiempo en el mundo, habría que dedicárselo a El jardín de las delicias. Porque no van a cerrar el Prado y siempre regalan esas dos últimas horas para ‘El Bosco’ o para cualquiera de sus habitantes.

'El jardín de las delicias', de Hieronymus Bosch "El Bosco"

‘El jardín de las delicias’, de Hieronymus Bosch “El Bosco”

Realmente no es un cuadro, se trata de un tríptico que incluso cerrado mantiene el magnetismo, el misterio, la belleza y la fantasía mientras guarda sueños y pesadillas, no en vano, ‘El Bosco’ también quiso pintar los paneles por fuera, y no lo hizo de cualquier manera. Muchos lo han copiado e inspira a todos los que hemos venido después –artistas, aspirantes a ello o cualquiera que lo contemple, cualquiera que sean sus inclinaciones–, de hecho, lo mínimo que se puede decir de esta obra es que es genial. De ahí para arriba, “que cada uno aporte lo que quiera”.

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‘Astronautas’, de Santi Amodeo: Una joya a la que volver de vez en cuando

Realmente, siempre es un buen día para ver Astronautas, una película de Santiago Amodeo. Salpicada de grandísimos secundarios (Julián Villagrán, Manolo Solo, Alex O’Dogherty…), en Astronautas, Nancho Novo y Teresa Hurtado protagonizan una película delicada que puede parecer pequeña, sin embargo, está repleta de cosas enormes: el reparto, el guión, la historia… Por si fuera poco, cuenta con una banda sonora exquisita llena de canciones mágicas que suenan de una manera muy personal y están escritas ex professo para la película. Todos nos hemos sentido alguna vez un poco astronautas, y hoy puede que sea domingo, pero esta película mejorará cualquier día de la semana.


Trailer de Astronautas

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Del rigor en la ciencia, de Jorge Luís Borges: Un universo dentro de un párrafo

Me lo dijo un amigo, “en los autores veo mundos, en Borges hay universos”, y es algo completamente cierto. No necesita más que unas pocas páginas -a veces, como en este caso, ni eso- para crear un universo, un mundo del que no hay más referencia que la propia narración, como si la narración sólo le importase a quien la habita y no a quien la lee, pero que quien la lee imagina sin esfuerzo:

…En aquel Imperio, el Arte de la Cartografía logró tal Perfección que el mapa
de una sola Provincia ocupaba toda una Ciudad, y el mapa del imperio, toda una
Provincia. Con el tiempo, esos Mapas Desmesurados no satisfacieron y los colegios de
Cartógrafos levantaron un Mapa del Imperio, que tenía el tamaño del Imperio y
coincidía puntualmente con él. Menos adictas al Estudio de la Cartografía, las
Generaciones Siguientes entendieron que ese dilatado Mapa era inútil y no sin Impiedad
lo entregaron a las Inclemencias del Sol y de los Inviernos. En los desiertos del Oeste
perduran despedazadas Ruinas del Mapa, habitadas por Animales y por Mendigos; en
todo el País no hay otra reliquia de las Disciplinas Geográficas.

                  Suárez Miranda, Viajes de varones prudentes
                                                      Libro cuarto, cap. XLV, Lérida, 1658

Jorge Luís Borges


Del rigor en la ciencia leído por Borges

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Modo avión, de Lichis: una novedad para empezar

Un disco de un músico muy músico que se ha hecho esperar. Aristocracia musical neoyorkina –Joe Blaney en la producción, Marc Ribot, David Mansfiel, Andy Hess, Pete Thomas…– al servicio de canciones bien hechas, sonido cuidado y un tipo haciendo canciones. El resto de la receta es bien fácil: un domingo cualquiera en tu casa o en una carretera, la ciudad, el mar o incluso en campo, que para algo el disco tiene sus gotas de country, dejar que suene y escuchar.

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