Estrofa, puente y estribillo

Lapido, ¿desencadenado?

Lapido en la sala Trinchera, Málaga – DC

Una pasarela que permite ver a los músicos acercarse al escenario recorre el techo de la sala Trinchera. Como en una escena de cine con tintes épicos Lapido la recorre precedido por sus músicos y se ponen a hacer lo que habían venido a hacer: tocar. Renuncian al típico golpe directo para comenzar el concierto y optan por la sutileza. Entre una neblina de sonidos sinuosos y etéreos se abre paso ‘Pájaros’ en una interpretación casi psicodélica, pura belleza hecha canción que al llegar al final se hace fuerza con una banda llena de convicción para afrontar ‘Nuestro trabajo’ y ‘Lo creas o no’.

El alma dormida (Pentatonia Records, 2017), la última entrega discográfica de Lapido, ha marcado algunas diferencias con respecto al sonido de discos anteriores de Lapido (se nota la colaboración de otras manos en las labores de producción) y eso también se aprecia en directo casi desde el principio. Si las canciones más eléctricas lo siguen siendo, las menos se dejan vestir de otra forma, sin dejar de ser canciones de Lapido. Parece que la gira de resurrección de los 091 hubiera servido para cortar alguna cadena, Lapido parece más relajado y entregado a la interpretación de las canciones, sin restarle un ápice de fuerza, más bien que una fuerza nueva. De eso tiene parte de culpa una banda más que implicada, sobresaliente y que haría bailar a un sordo tan solo con ver la energía que desprenden, mención especial para Víctor Sánchez y Raúl Bernal.

En esa linea de nuevos sonidos, a veces más pop y otras no tanto, Lapido se cuelga la Gibson acústica y bien acompañado interpreta ‘Dinosaurios’, una canción que es más irónica que vitriólica y muy imaginativa, a veces casi humorística, ya sea por pura verdad (“Dylan en las iglesias”) o por cómico (“el Hombre de Orce montado en su vieja Lambretta”). Una pieza que parece encajar dentro de ese “Lapido desencadenado” que se presenta en esta gira. Lo mismo ocurre con ‘Estrellas del purgatorio’, country denso, de viejo sabio. Una joya más del cofre de las canciones de Lapido, un cofre amplio, pero sobre todo profundo.

Lapido y su banda en la sala Trinchera, Málaga – DC

A diferencia de Jesucristo, probablemente el “resucitado” más famoso de la historia, Lapido ha optado por no abandonar la vida terrena y, además de publicar un disco, ha decidido salir de gira con todas las de la ley. Puede que eso no asegure el éxito masivo, pero es una oportunidad impagable para escuchar canciones extraordinarias y a una banda en estado de gracia. Aunque el sonido en la sala Trinchera no les hizo justicia del todo.

La fuerza desencadenada de Lapido se transforma casi en vehemencia al interpretar composiciones como ‘Lo que llega y se nos va’. Y no es la única. ‘El dios de la luz eléctrica’ avasalla de pura furia y contagia a todo el mundo, haciendo disfrutar arriba y abajo del escenario. Es cierto que Lapido siempre muerde con sus letras, pero en esta gira se observa una convicción diferente. Razones tiene, porque aunque nadie le haya dicho la verdad Lapido parece que sí la sabe y está en sus canciones.

Tras reaparecer en el escenario por tercera vez y provocar una tormenta eléctrica con ‘Cuando por fin’, agarra sus sagradas escrituras y se va.

Ficha:
Sala Trinchera (Málaga), 17 de marzo de 2018; gira de presentación de El alma dormida. José Ignacio Lapido (guitarra eléctrica, acústica y voz), Víctor Sánchez (guitarra eléctrica y coros), Popi González (batería y coros), Jacinto Ríos (bajo) y Raúl Bernal (teclados y coros).

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