Notas de lectura

‘Pirineos, tristes montes’, por Severino Pallaruelo: Lo que la montaña guarda

Portada del libro 'Pirineo, tristes montes'

Portada del libro ‘Pirineo, tristes montes’, editado por Xordica

Hay libros que misteriosamente te llegan porque alguien decide hacértelos llegar o por algún extraño azar. Suelen ser libros que no pertenecen a editoriales grandes, pueden estar publicados hace más o menos tiempo, pero son raros de encontrar en librerías comunes y, seguramente, si no fuera porque alguien se encargó de hacértelos llegar nunca habrías dado con ellos o quizá sólo has tropezado con ellos por haber viajado a ciertos lugares: seguramente sea ésta una de las razones más poderosas para seguir entrando en librerías cuando viajas.

Suelen ser libros cuidados en su edición, agradables de leer por su soporte –papel, tinta, letra, encuadernación–, es lo que tienen las editoriales pequeñas, cuidan lo que tienen; los títulos sugerentes no son exclusivos de este tipo de libros, pero si echo un vistazo a mi biblioteca encuentro que estos libros de los que hablo los tienen más a menudo que otros.

Este es el caso de Pirineos, tristes montes. No tenía la más mínima idea de este autor (Severino Pallaruelo) y mi primer contacto con esa zona lo tuve poco antes de que me regalaran el libro –por cierto, me han regalado muchos otros antes que este y aún esperan a ser leídos–, pero desde el primer momento me pudo la curiosidad por saber quién estaba detrás (un aragonés de Puyarruego que además de escribir sobre los pirineos y sus gentes conoce muy bien la zona, ha escrito guías, novelas, cuentos, recuperado mitos, escrito sobre antiguos oficios…) y dónde estaban aquellos sitios que escondían esas montañas.

Un título sugerente, una foto de portada que hechiza (es obra del propio autor) y un libro que al agarrarlo incita a leerlo. Luego viene lo importante: historias, a veces casi impresiones, que se leen reposadamente; a pesar de la cortedad de alguna de ellas, no tienen prisa por ser contadas. Casi todas terribles, algunas dejando un resquicio a la esperanza.

Luego el lector puede llegar más allá, no es poco el disfrute que provocan, pero se puede ir más allá. La vida o las elecciones te llevan a conocer los escenarios del libro, el Pirineo más aragonés o el Aragón más pirenaico. Allí conoces la dureza de aquella zona para con sus habitantes –y  para con algunos de sus visitantes o transeúntes–, entonces no tienes más remedio que sentirte un advenedizo mientras caminas por aquella zona o recorres serpenteantes carreteras que en otra época, en el mejor de los casos, fueron caminos pedregosos al antojo de las inclemencias o del simple pasar de los días; lugares donde el frío nunca desaparece y la nieve reina durante muchos meses.

Exactamente eso es este libro: duras y salvajes ascensiones a montañas que te van atrapando de forma contundente, pero siempre poco a poco. Lo que puede parecer un paisaje idílico y bello guarda una cara indómita, a veces desconocida, como sus propios habitantes, como todas las personas.

Ficha:
Pirineos, tristes montes, por Severino Pallaruelo. Editado por primera vez en 1990, aquí la edición de Xordica publicada en junio de 2011.

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