Notas de lectura

El ritmo perdido, Santiago Auserón: Parte del legado de un sabio

Portada de 'El ritmo perdido'

Portada de ‘El ritmo perdido’

Quien no conozca al autor, cosa que se me ocurre imposible, se habrá dado de bruces con un sabio. Aquellos que pensaban que se trataba de un músico a secas (ya es mucho decir, eh) se habrán, como mínimo, sorprendido por el dominio que ejerce sobre según que materias. Y los que sabemos cómo se las gasta este elemento hemos recibido una dosis más de un legado que esta ocasión salta de los altavoces a las páginas de un libro.

No hay muchos músicos con las actitudes y aptitudes de Santiago Auserón (talentoso, inquieto, profundo, sabio, formado y en formación, abierto, trabajador, interesante, dispuesto a compartir y enseñar sus hallazgos, estudioso, con un discurso sólido y fundado…) ni muchos músicos entregados a que su idea trascienda de una disciplina a otra, seguramente por falta de talento, preparación y/o capacidad. Comprometido con su obra y con la tradición a la que pertenece, Santiago Auserón se ha encargado de tejer un ensayo sin fisuras, serio, contundente e iluminador, como en otras ocasiones pule producciones, busca músicos y trabaja letras para dar con grabaciones y espectáculos extraordinarios. Tres años de trabajo para alumbrar un una parte de la Historia y de nuestra Historia que se había dejado de lado.

Con datos, fuentes y hechos discute la tradicional versión de lo que la negritud aporta a la península, dando una importancia menor a la genética –algo comprobado por los antropólogos– en comparación con la aportación cultural de los habitantes peninsulares de origen africano, destacando su aportación a la música popular y a las letras, con todo lo que ello implica. Lo que ocurre es que muchas veces el conocimiento subyace tras la realidad y al ser menos evidente, como es el caso de los ritmos, suele ser más difícil de encontrar y tiene que venir un sabio con oídos únicos para desvelar misterios que realmente son obviedades.

Está claro que es un texto que requiere voluntad, pasa por fases en las que hay que tenerle paciencia, nunca árido, pero sí que a veces puede agotar por lo pequeño que puede llegar a sentirse el lector ante tal pila de referencias que pueden resultar desconocidas –nada que un lector curioso no esté dispuesto a superar–. Tampoco es menos evidente que estamos ante un libro impresionante y profundo que ilumina y enseña desde la primera a la última página. Estoy seguro de que igual que el lector, el escritor caminó por sendas oscuras, pero consiste en no detenerse, en andar seguro hasta llegar al centro mismo de la espesura, donde se suele encontrar el conocimiento.

El ritmo perdido es un texto lleno de las experiencias del propio autor, de su relación con la música, distendido, lleno de detalles, curiosidades –impagable aquel árabe zaragozano que se rompe sus ropajes al escuchar a la esclava cantora– y esa mezcla de música, literatura, teatro, historia, filosofía… que es la cultura, todo eso hasta llegar al núcleo de este ensayo con toques de tratado: el ritmo

En cualquier caso, si algo hace este libro, además de su clara labor aportando conocimiento, es demostrar que no venimos de tan lejos –aunque tampoco de tan cerca como pueda parecer–, no somos tan diferentes unos de otros y tenemos unas raíces profundas que no por estar a veces ocultas nos alejan o nos diferencian, y como dice el propio autor (por ejemplo aquí): detrás de lo que se puede considerar un origen hay un origen anterior.

Santiago Auserón descubre un patrimonio que ha sobrevivido a siglos, incluso milenios, que merece la pena conocer. Aunque nunca lleguemos a saber el origen etimológico del vocablo perro, siempre podremos contar con la sabiduría de Juan Perro y su alter ego Santiago Auserón, ¿o quizá era al revés?

Ficha:
El ritmo perdido. Sobre el influjo negro en la canción española, de Santiago Auserón. Editado por Península, colección Atalaya. Premio Cálamo Otra Mirada 2012

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